Caza Deportiva

 

 

Hace un tiempo atrás, se había levantado la veda de caza que existía en la Provincia de San Luis. En ese momento, rápidamente se derogó la norma ante las presiones recibidas de los ambientalistas. En estos días, el decreto 1910 de 2004 habilitó nuevamente la caza, sin que nadie se queje ni se moleste. Este decreto permite la caza de paloma torcaza, cata verde o cotorra, paloma turca, loro barranquero, inambú chico o piurca, inambú montero, liebre europea, zorro, vizcacha, quirquincho, jabalí europeo, puma, ñandú, pecarí y ciervo colorado.

Según el gobierno provincial, la apertura de la temporada de caza se aprueba "luego de recabar información mediante censos poblacionales de las diversas especies faunísticas existentes en el territorio provincial, realizados por el cuerpo de inspectores de fauna, dependiente del programa de Ambiente y Desarrollo Sustentable" de la Provincia. 

Yo me pregunto, ¿alguno de Ustedes vió pasar al Cuerpo de Inspectores de fauna, dependiente del Programa de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Provincia? Yo no, y si alguno de ustedes ha visto al menos a un inspector contando algún animal silvestre, por favor, no duden en avisarme. 

En el anterior decreto habilitante de la caza, el que luego fue derogado, se admitía que aún no se habían realizado los conteos necesarios, y aún así se permitía la caza. Esa fue una de las razones primordiales para exigir su derogación. En este decreto, por las dudas, aclaran que han realizado los censos poblacionales, aunque eso genera demasiadas dudas...

 

“VENGA A MATAR A SAN LUIS”

Es triste escuchar que una de las razones esgrimidas para habilitar el asesinato de nuestra fauna silvestre sea promocionar el turismo. Promover el turismo de cacería es como fomentar la minería: se trata de una actividad que se agota y que sólo beneficia a dos o tres empresarios, dejando a la mayor parte de la comunidad más pobre y con menor calidad de vida que al principio. Es mentira eso de que traerá un importante flujo de personas, y si fuera cierto (la Providencia no lo permita) tendríamos la provincia plagada de primitivos sujetos cuya diversión es derramar la sangre ajena, la de cualquier ser vivo no humano que se cruce en su camino. Porque quienes viven en el campo saben que el cazador no respeta nunca las reglas, siempre termina tirándole a lo que se mueva, sea paloma, sachacabra o vaca.

 

EL PEOR DE LOS NEGOCIOS

Permitir que nos maten la fauna no es negocio. Sí lo es el turismo sustentable, de bajo impacto, que permite que no sólo nosotros desarrollemos nuestra actividad económica, sino que podamos heredar a nuestros hijos los emprendimientos turísticos que estamos explotando. Matar la vida que nos rodea no puede ser un buen negocio. Nunca. Sólo puede dejarle rédito a quien está de paso, a quien sabe que cuando se termine de matar a la gallina de los huevos de oro, simplemente se irá a otro lugar, a seguir haciendo dinero a costa de la calidad de vida de los demás. 

Respecto a los aranceles que el Gobierno cobrará, tampoco generan ganancias, ya que para los extranjeros que quieran disparar durante 10 días, sólo se les cobrará entre 100 y 270 dólares. Una verdadera ganga.

Los que sí ganarán mucho son los grandes productores agropecuarios, quienes ganarán mucho dinero con la caza de las palomas y los loros que tanto les molestan. Ellos son los grandes beneficiados de toda esta locura. ¿Eso habrá ayudado a que el Gobierno haya tomado tan insensata decisión?

 

DESEQUILIBRANDO EL DESEQUILIBRIO 
Algunos apoyan la caza, aludiendo que algunas especies han aumentado peligrosamente su población, como las palomas o los zorros. Obviamente no podemos ser tan ingenuos como para no analizar por qué ha crecido el número de dichas especies. En el caso de las palomas la respuesta es obvia: disponibilidad de alimento. Los grandes monocultivos les han permitido a las distintas especies de palomas de reproducirse sin miedo ni cautela, ya que hay cantidad de alimento a su disposición. Si el monte nativo hubiera sido preservado y no se hubiera permitido los terribles desmontes realizado para la instalación de estas empresas agrícolas, no habría tantas palomas, por lo que no sería necesaria la caza de las mismas. ¿Por qué no, entonces, desmotivar totalmente la producción agropecuaria en nuestra Provincia en vez de permitir la matanza? Que las empresas que traen los alimentos trangénicos, las plaguicidas y los fertilizantes se vayan a otra parte...
Automáticamente me viene a la mente una frase que solía decir mi abuelo: "Calavera no chilla".
¿Y los zorros? Si pensamos en cuál es su principal predador nos damos cuenta de por qué aumenta la cantidad de zorros dando vueltas por la provincia. El puma ha sido diezmado, principalmente por pequeños productores serranos, quienes también han provocado el primer desequilibrio al traer vacas y chivas a nuestra zona. Como vemos, es como la historia del huevo la gallina. Pero en este caso sabemos a ciencia cierta quién causó el primer desnivel en la balanza: el ser humano. ¿y cómo lo solucionaremos? ¿matando más pumas? 
La idea general que motiva la apertura de la caza de alguna especie generalmente es la declaración de "plaga". ¿Acaso los pumas son plaga? ¿Y los ciervos? ¿Los jabalíes? ¿La población de quirquinchos se ha reproducido de forma incontrolada y amenaza la estabilidad del ecositema? ¿O lo ñandúes han declarado la revolución reproductiva y se trasladan en masa por nuestros campos?
No, no sólo no creo que puedan considerarse plaga, sino que me animo a afirmar que si realizara honestamente un censo poblacional de cada una de estas especies habría que declarar en emergencia a unas cuantas.

 

SANGRE POR DIVERSION
En conclusión: yo, que amo la Villa de Merlo, amo San Luis y amo la Naturaleza me siento realmente asqueada por la sola idea de divertirme matando. Me provoca nauseas pensar en que tal vez algún ser querido mío tuviera ese hobby o que mis hijo por nacer los aprendieran. No, definitivamente no quiero ese "turismo", ese "deporte" de asesinos en mi tierra. Demasiadas veces debo pedirle perdón a la Tierra por mis abusos como para poder apoyar esta idea desalmada de la "diversión".
Espero que esta tristeza y esta preocupación que siente mi alma la sientan muchos. Espero que los amantes de la Naturaleza no seamos una especie en extinción. Espero realmente que seamos una plaga que nadie pueda diezmar.

 

Jorgelina Moschella

 

(Julio 2004)